El club de fútbol más endeudado de la historia, con un pasivo de 2.500 millones —palabra del New York Times—, tiene un equipo doble campeón de Liga, ganador de cinco títulos de los ocho disputados las dos últimas temporadas y semifinalista de la Champions 2025. No hay una entidad más singular que el FC Barcelona porque siempre ha sabido explicar su razón de ser, a veces a partir del club —«más que un club»— y a veces desde el equipo —el llamado ADN futbolístico—, como si uno y otro se complementaran en función de las necesidades de una de las instituciones más emblemáticas del país. Su relato se actualiza cada vez que hace falta sin perder la carta de naturaleza: «¡Visca el Barça y Visca Cataluya!».
El punto de encuentro del club y del equipo es la Masía. En la residencia de los jóvenes está la clave de bóveda del talento y del estilo Barça. Así se explica su capacidad para generar figuras como Leo Messi, Lamine Yamal o Aitana Bonmatí y su ingenio para montar las bases de equipos ganadores sin tener un céntimo, pendiente de los ingresos que pueda dar el Spotify Camp Nou, que no es exactamente el Camp Nou. Las porterías son, en cualquier caso, igualmente reconocibles y la pelota entra, que es de lo que se trata en el fútbol, convertido en negocio de la industria del entretenimiento.
El Barça gana y el Madrid pierde, por separado y cuando se enfrentan: seis victorias a una desde la llegada al banquillo de Hansi Flick en 2024.
El Barça gana y el Madrid pierde, por separado y cuando se enfrentan: seis victorias a una desde la llegada al banquillo de Hansi Flick en 2024. Y cuando el triunfo de su equipo y la derrota del rival no solo coinciden, sino que se alargan, el culé se siente eufórico, aunque falte la Copa de Europa que no consigue desde 2015 cuando jugaban Messi, Luis Suárez y Neymar. Los títulos, y la pelota, hicieron también presidente a Josep Maria Bartomeu, ganador curiosamente de Laporta. Pero el adiós de Neymar al PSG por 222 millones fue el inicio de una crisis que acabaría en 2020 con la dimisión de Bartomeu, que no fue nunca consciente de que el cargo le iba grande.

