En 1969 un estudiante de la Universidad de California enviaba el primer mensaje de un ordenador a otro utilizando Arpanet, Neil Armstrong daba el primer paso de un hombre en la luna y Beatriz de Moura celebraba el nacimiento de la editorial Tusquets en una fiesta en la que Joan de Sagarra bautizaba con el término gauche divine a una generación que iba a revolucionar la edición española. Jóvenes, con padres ricos, desinhibidos, grandes bebedores y con ganas de trabajar divirtiéndose seriamente, se habían conjurado para dejar atrás la cochambre cultural franquista y, de paso, darle un baño de heterodoxia a la izquierda dogmática: el poeta José Agustín Goytisolo contaba que un dirigente del PSUC dio la consigna de no ir a una conferencia de Pasolini, porque «después dirán que los comunistas somos todos maricas».
A pesar de que Barcelona estaba más cerca de París y su mayo que de Madrid y su gris policial, pocos repitieron el eslogan «Prefiero equivocarme con Sartre que tener razón con Raymond Aron». Ver la foto de Sartre manifestándose tras una pancarta de los seguidores del sanguinario Mao y saber que Simone de Beauvoir había tenido su primer orgasmo con el novelista Nelson Algren y no en 18 años de relación con el autor de El ser y la nada, puede explicar que Jorge Herralde se decantara por el situacionista Guy Debord y Beatriz de Moura por Albert Camus.
Pasó el tiempo y, casi sin avisar, se dieron cuenta de que eran ya mayores que Carlos Barral, el editor pionero que disolvió demasiado pronto (61 años) sus cenizas en las aguas de Calafell y, no mucho después, que Esther Tusquets, que miraba para siempre el mismo mar de todos los veranos desde 2012 en Cadaqués. Aquella revoltosa tribu se iba extinguiendo en silencio. En este 2026 han muerto en pocos días Frankie Sert y Beatriz de Moura. El conde ilustrado, que había sido uno de los accionistas anónimos de Tusquets y entendía la gastronomía como una mesa común civilizatoria, quiso una despedida sin curas ni tanatorio, una fiesta al sol, con flamenco y vino y palabras inteligentes de adiós.





