Muchos coleccionistas se quedaron patidifusos el verano pasado al ver por primera vez el álbum oficial del Mundialito de Clubes de la FIFA. El motivo residía en el cromo que Panini escogió para promocionarlo. ¿Era el de Haaland o el de Mbappé, dos de los mejores futbolistas que participaron en el torneo? No. Era el de Gianni Infantino. En una pegativa de colores chillones y con un texto en mayúsculas en el que ponía «The emblem» (El emblema), el presidente de la FIFA aparecía exultante con los pulgares hacia arriba. Evidentemente, alguien podría pensar que se trata de un gesto anecdótico y divertido. Pero también sirve para explicar, sin rodeos, de quién hablamos cuando hablamos de Infantino. El dirigente italosuizo no desaprovecha ninguna ocasión para exhibir su megalomanía.
Nada hacía sospechar de esta deriva cuando Giovanni Vincenzo Infantino, hijo de emigrantes italianos nacido en Brig-Glis (Valais, Suiza) en 1970, ejercía con disciplina el rol de secretario general de la UEFA, un cargo que obtuvo en 2009 y que, de vez en cuando, le otorgaba la oportunidad de aparecer en televisión. Abogado de profesión, durante años dirigió el cotarro en Nyon, supervisando las Naciones de la UEFA. Un torneo nuevo y un torneo renovado; espóiler de lo que acabaría haciendo años más tarde al frente de la FIFA.
Infantino, como decíamos, fue sobre todo el rostro de los sorteos de la Liga de la Champions, una función sobre la que edificó una imagen de persona íntegra e inofensiva. Algunos lo tildaban de aburridillo y él confesaba haber sufrido acoso escolar de pequeño debido a sus pecas y a ser pelirrojo. Incluso era habitual verlo caricaturizado en las redes sociales como el «calvo de la Lotería de Navidad», un meme con el que los aficionados rezaban para que el dirigente repartiese la «suerte» antes del tradicional sorteo de octavos de final de la Champions, que se celebraba a principios de diciembre.
En más de los 120 años de historia de la FIFA, una entidad sin ánimo de lucro y con unos estatutos que la obligan a ser políticamente neutral (vaya chiste), nunca nadie se había atrevido a llegar tan lejos.
Pero en este 2026 se cumplirán diez años de su liderazgo en el organismo futbolístico más importante del mundo y cabe señalar que, dadas las alianzas consolidadas y las decisiones tomadas, está exprimiendo la experiencia al máximo. Dicho de otra forma: en más de los 120 años de historia de la FIFA, una entidad sin ánimo de lucro y con unos estatutos que la obligan a ser políticamente neutral (vaya chiste), nunca nadie se había atrevido a llegar tan lejos.





