Poco podía imaginarse Jerome H. Powell en 2017 que aquel que lo designó al frente de la Reserva Federal de Estados Unidos acabaría convirtiéndose en su principal enemigo. Hace ocho años, un abogado multimillonario de 64 años, de ademán tranquilo, pelo blanco y talante republicano, eso sí, moderado, se erigiría como nuevo gobernador de la Fed. Una figura «constructora de consensos», como se le describía en aquel momento, que Donald Trump aceptó (por recomendación de su exsecretario del Tesoro, Steven Mnuchin) como sucesor de la gobernadora por aquel entonces del banco central de Estados Unidos, Janet Yellen.

«Me comprometo a tomar decisiones con objetividad […] en la larga tradición de independencia de la política monetaria», prometió Powell en la Rosaleda de la Casa Blanca cuando Trump anunció su elección en noviembre de 2017. A su lado, Trump lo aplaudía y lo elogiaba al describirlo como un hombre «fuerte, entregado e inteligente». Pero el idilio no duró demasiado, lo justo para que Trump se diera cuenta de que las promesas de Powell eran ciertas: el gobernador quería velar por la independencia del banco central, y Trump no concibe que le lleven la contraria.

Ocho años más tarde y tras una decena de fuegos cruzados con el presidente de Estados Unidos, Powell ha dejado la presidencia de la Fed, pese a que se resiste a marcharse: ha cedido el timón a Kevin Warsh, pero se quedará en la retaguardia como miembro de la Junta de Gobernadores como mínimo hasta 2028, que es cuando termina su mandato, para velar por la independencia del banco central, cosa que, como ha avisado en reiteradas ocasiones en los últimos años, «está en juego».

Powell es una anomalía en la lista de gobernadores de la Fed. Es el primer líder del organismo en cuarenta años que no cuenta con un doctorado en Economía; de hecho, proviene de una larga saga de abogados, y él no es una excepción. Nacido en Washington en 1953, el segundo hijo de un total de seis, se graduó en Ciencias Políticas en la Universidad de Princeton en el año 1975 y en 1979 se doctoró cum laude en Derecho en la Universidad de Georgetown. Y, siguiendo la tradición familiar, empezó a ejercer como abogado durante la primera mitad de la década de los 80.

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