¿Qué tienen en común el Pont Neuf, inaugurado en 1607, el Palais Garnier, la histórica Ópera de París inaugurada en 1875; y el Grand Palais, construido con motivo de la Exposición Universal de 1900? ¿Qué tienen en común el artista JR, la marca deportiva Adidas y la artista Laure Prouvost? ¿Cuál es la relación entre los espacios abiertos del puente, la fachada del Palais Garnier y el espacio interior del Grand Palais, con su gran estructura de hierro que obliga a mirar siempre hacia arriba?
Lo que tienen en común es que reclaman la atención y señalan el compromiso del arte contemporáneo para volver a significarse como una realidad que interpela y construye ciudad. A su vez, permiten que los espacios históricos se expandan hacia el presente, dialogando con el pasado Las ciudades históricas han descubierto que el patrimonio ya no se sostiene únicamente por la memoria. Necesita ser intervenido, reinterpretado y puesto en diálogo con el presente.
Por esta razón se recurre a artistas como JR para realizar la instalación artística en el Pont Neuf. Su obra La caverna del Pont Neuf, realizada con telas impermeables que envuelven todo el puente, permite a los visitantes contemplarlo transformado en una gigantesca formación de piedra caliza. Al mismo tiempo, puede recorrerse su interior, atravesando la estructura y experimentando la sensación de caminar por las entrañas de una caverna. La potencia de la propuesta de JR radica en que entronca con la intervención realizada décadas antes por Christo en el mismo puente, así como con otras acciones artísticas que el propio JR ha llevado a cabo en distintos espacios de París, incluida la Torre Eiffel. Todas estas intervenciones buscan redescubrir lugares visitados innumerables veces, devolviéndoles el asombro, la curiosidad y el deseo de volver a experimentarlos.
El Palais Garnier, cuya fachada se encuentra actualmente en restauración, ha coincidido con la celebración del torneo de Roland Garros. Durante las obras, la fachada Beaux-Arts ha quedado oculta tras una gran lona publicitaria que reproduce el característico color verde de las célebres zapatillas Adidas asociadas a Stan Smith. La pieza, de un intenso verde monocromo que evoca las pistas de tenis de Wimbledon, concentra toda la atención de quienes ascienden por la avenida de la Ópera. En uno de sus márgenes puede leerse «adidas Stan Smith». El verde se impone sobre las fachadas ocres y cremosas de los edificios parisinos, sobre los tonos negros de las buhardillas y las barandillas de hierro forjado, e incluso sobre el rojo y negro de las sillas que dominan las terrazas de los cafés.





