Antonio Scurati es un valiente. No cabe duda de ello. Confrontarse con la biografía de Mussolini y la conquista del poder por parte del fascismo en la Italia de la primera posguerra no es moco de pavo. Menos aún si lo que se quiere hacer es una novela en que, como explica el autor al principio de la obra, todos los acontecimientos, los personajes, los diálogos y los dicursos son históricamente documentados. Atención, de todos modos: M. Il figlio del secolo no es un ensayo histórico, sino una novela. Aquí está el nudo gordiano de las polémicas que se han dado en Italia tras su publicación.

Vayamos con orden. Scurati es un renombrado escritor, además de profesor de literatura contemporánea en el IULM de Milán. M. Il figlio del secolo, publicado en 2018 y galardonado con el importante Premio Strega, abarca el periodo que va de principios de 1919, con la fundación de los Fasci di Combattimento en una Italia aún traumatizada por los estragos de la Gran Guerra, al 3 de enero de 1925, cuando Mussolini pone fin a la crisis abierta por el asesinato del diputado socialista Giacomo Matteotti y da el definitivo giro autoritario que llevará en pocos meses a la implantación de la dictadura fascista.

Son, pues, «solo» seis años de la vida política del país transalpino y, especialmente, del que se había convertido en hombre fuerte del país, los que aparecen en las algo más de 800 páginas de una novela muy bien escrita. El propósito de Scurati es, sin embargo, seguir adelante con otros dos volúmenes y así relatar prácticamente todo el ventennio fascista.

La estructura de la novela es particularmente interesante: dentro de seis capítulos, uno por año, de 1919 a 1924, se encuentran unos cuadros narrativos que, al estilo de un guión cinematográfico, se centran en momentos y acontecimientos determinados. Al final de cada cuadro el autor añade los documentos principales que ha utilizado para su redacción.

Además, la perspectiva utilizada es la del protagonista de cada cuadro narrativo: Mussolini, obviamente, es el personaje principal, pero otros dirigentes fascistas, como Italo Balbo y Leandro Arpinati, o miembros de las escuadras fascistas como Amerigo Dumini, uno de los asesinos de Matteotti, se convierten en co-protagonistas. Asimismo cobra centralidad el mismo diputado socialista, junto a su compañero de partido, el filo-bolchevique Nicola Bombacci, que en los años 30 se acercará al fascismo hasta ser fusilado por los partisanos junto a Mussolini.

Aparecen también el poeta nacionalista Gabriele D’Annunzio, sobre todo en su etapa fiumana, o la primera biógrafa, además de amante, de Mussolini, Margherita Sarfatti, la única mujer con cierta presencia en toda la novela. Scurati, en suma, nos pone en la piel de los protagonistas, da voz a sus sentimientos, percepciones, ambiciones y estrategias. M. Il figlio del secolo se convierte pues en un gran fresco de la historia italiana de aquella fatídica y compleja coyuntura.

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Se ha criticado a Scurati por algunos errores históricos –se corregirán seguramente en las nuevas ediciones– y por no condenar explícitamente al fascismo. En realidad, el libro es una condena en sí del fascismo porque muestra en detalle y en toda su crudeza las continuas violencias de las squadracce contra los dirigentes y militantes socialistas, comunistas y católicos, el desprecio por la vida humana, la destrucción del entramado construido durante décadas por el movimiento obrero y las matanzas indiscriminadas en las ciudades y el campo, así como la tolerancia o el apoyo, excepto casos aislados, de las autoridades y las fuerzas del orden.

Los días de la sobre Roma, a los que Scurati dedica casi 80 páginas, son una muestra evidente de todo esto, entre la debilidad del ejecutivo liberal de Facta y la anuencia del rey que entregó el gobierno del país a Mussolini cuando sus escuadras ni deslumbraban por su preparación militar ni tenían la fuerza para vencer al Estado, si esto hubiese realmente querido oponerse al órdago fascista.

Asimismo, la imagen que sobresale del duce del fascismo es la de un oportunista maquiavélico, un hombre en busca del poder por el poder, un egocéntrico que halaga a las masas y secunda sus miedos. Scurati, en síntesis, deja que sea el lector quien saque las conclusiones, ofreciendo una descripción que no permite interpretaciones hagiográficas ni del fascismo ni de su líder.

Si cabe hacer unas críticas a M. Il figlio del secolo es que en un fresco de este tipo faltan muchos actores relevantes: los católicos, por ejemplo, así como el mundo económico y financiero que brilla por su ausencia. ¿Es demasiado pedir? Quizás. Mucho depende en realidad de lo que se decía al comienzo: no se trata de un ensayo histórico, sino de una novela, como ha repetido hasta la saciedad el mismo Scurati en distintas entrevistas. Para mantener el ritmo narrativo, el autor necesita de una notable carga dramática para hacer más partícipe al lector.

Algunos acontecimientos, que se consideran secundarios respecto a la línea narrativa principal, no aparecen o, como mucho, se los nombra solo de pasada. De ahí la centralidad de Matteotti, por ejemplo, que ocupa el rol de antagonista o la importancia que se da a las cartas que el diputado socialista escribe a su mujer en los últimos meses de vida, cuando sufre las repetidas violencias fascistas. Aunque la reconstrucción histórica es atenta y el autor se ha documentado mucho para poder escribir la novela, Scurati no puede no caer en una cierta simplificación de la interpretación de los procesos históricos debido al formato escogido.

No es esta una cuestión baladí. Al contrario: es un elemento crucial que, en una época de exitosas películas y series con ambientación histórica, nos debe servir para no confundir una creación artística, sea esta literaria o cinematográfica, con un estudio académico. Justamente por esto Scurati puede tomarse la licencia de algunos pasajes de invención o de utilizar frecuentemente el discurso indirecto libre, un recurso fundamental de la narración literaria. M. Il figlio del secolo se inscribe, pues, en la que se conoce como narrative non-fiction: los acontecimientos son reales, pero se añaden unas partes inventadas, como, en este caso, las implicaciones psicológicas o los diálogos en forma directa también cuando no disponemos de testimonios fehacientes.

Hay un último elemento que cabe mencionar: la novela de Scurati se ha publicado en un momento en que el fascismo se ha puesto, por así decirlo, de moda en Italia. En ese mismo 2018 en los cines se podía ver Sono tornato (I’m back), una película de Luca Miniero –remake de la alemana Ha vuelto de David Wnendt– cuyo protagonista es un Mussolini que reaparece de golpe en la Roma de 2017 y que, tras convertirse en un actor de éxito, intenta reconquistar el poder.

Esta presencia del fascismo en la literatura, el cine y la televisión, en formato irónico o serio, puede extrañar, pero no es ninguna casualidad: la extrema derecha ha reaparecido con fuerza en la política italiana. Salvini, que justamente en 2018 entraba por primera vez en el gobierno junto al Movimiento 5 Estrellas, se presenta como el nuevo hombre fuerte del país, haciendo a menudo guiños al fascismo y citando frases de Mussolini.

Hermanos de Italia, el partido de Giorgia Meloni, presentó como candidato en las europeas de 2019 a Caio Giulio Cesare Mussolini, bisnieto del duce. Los de CasaPound Italia, que se definen como «los fascistas del Tercer Milenio», se han ido asentando en el territorio, haciendo una captación nada desdeñable de jóvenes en escuelas y universidades. Y es que Italia debe de hacer aún las cuentas con su pasado, sobre todo tras la banalización del fascismo que se ha dado en el ventennio berlusconiano.

Así como desde el ensayo historiográfico –junto a muchas obras de académicos– es muy loable Mussolini ha fatto anche cose buone, el libro de Francesco Filippi que desmonta los tópicos y las mentiras que siguen circulando sobre el fascismo, una novela como la de Scurati, pues, es una operación interesante, además de bien lograda desde el punto de vista narrativo, para que se vuelva a reflexionar sobre lo que fue el fascismo y cuál es la memoria que se está elaborando al respecto en la actualidad. Esperamos ahora los siguientes volúmenes sobre la etapa posterior a enero de 1925.