En los campos de exterminio nazis, los deportados homosexuales llevaban un triángulo rosa cosido en el uniforme, mientras que para las feministas y lesbianas era de color negro. El color de las banderas y los adhesivos fue también el rosa en los nuevos movimientos homosexuales que arrancan en 1945 y en los posteriores a la Revuelta de Stonewall de Nueva York en 1969.
En el Estado español, la sodomía fue despenalizada en el primer trienio liberal de 1885, y así continuó hasta la Segunda República, con la excepción de la dictadura de Primo de Rivera. La dictadura franquista dejó la educación y la moral en manos de la Iglesia católica. La primera víctima fue Federico García Lorca. Después vinieron las palizas a Miguel de Molina, que tuvo que emigrar a Argentina, donde se convirtió en un cantante de gran éxito.
El franquismo siempre persiguió a los hombres homosexuales y a las más visibles, las mujeres a quienes hoy llamamos transexuales. En cambio, hay muy pocos expedientes judiciales contra lesbianas. En aquellos tiempos, quien daba sentido a la sexualidad eran los hombres, es decir, patriarcado, machismo y heterosexismo. Si dos hombres adultos vivían juntos, podían ser denunciados, incluso por el vecindario o por su familia; en cambio, dos mujeres podían bailar juntas en la fiesta mayor y no pasaba nada. No tenemos datos para cuantificar el número de personas que pasaron por prisión dada la actual ley de protección de datos. En algunos casos en los que se han podido contrastar los expedientes de la Ciudad de la Justicia, no siempre queda clara la descripción policial: si se trataba de un hombre o de una mujer transexual. Las lesbianas fueron bastante invisibles, pues por aquel entonces era inimaginable qué podían hacer dos mujeres en la cama.
El franquismo utilizó dos leyes, la de Vagos y Maleantes, que en 1954 introdujo los actos homosexuales y, posteriormente, en 1970, se promulgó la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social. La censura impidió que los medios de comunicación explicaran los Informes Kinsey, el estudio de Evelyn Hooker que motivó la desclasificación de la homosexualidad como una enfermedad en 1973 por parte de la Asociación Estadounidense de Psiquiatría; unos avances de los cuales aquí no nos llegamos a enterar, pero que en todas partes tuvieron un efecto dominó. En 1960 la homosexualidad ya era legal en Bélgica, Suecia y Suiza.
Consideración de enfermedad
Durante los años en los que se despenalizó la sodomía (fue por primera vez con José I Bonaparte), la sociedad consideró esta conducta sobre todo una enfermedad, incluso contagiosa… Tal vez la víctima más antigua registrada sea la mujer transexual Margarida Borràs, ejecutada en Valencia durante el siglo XV y ahora honorada con un mural en el lugar en el que fue ahorcada. Hablamos del peor de los insultos, de las vergüenzas y las befas. Todavía hoy las injurias homófobas están presentes en el lenguaje popular.
Durante los años en los que se despenalizó la sodomía, la sociedad consideró esta conducta sobre todo una enfermedad, incluso contagiosa…
En 1970, cuando se promulgó la Ley de Peligrosidad Social, dos personas de Barcelona fundaron el MELH (Movimiento Español de Liberación Homosexual). Hablamos de Armand de Fluvià y Mir Bellgai. Este grupo clandestino tuvo dos agrupaciones más, en Bilbao y en Madrid. Hasta 1975 el MELH editó un boletín que se enviaba desde París a un número creciente de simpatizantes. La intervención del ministro de Exteriores López Rodó y del ministro francés de Interior interceptó uno de estos envíos del boletín, razón por la cual empezaron a imprimirse en Suecia. La dictadura estaba al corriente, pero a las personas que recibían el boletín no les sucedió nada.
Hasta la muerte del dictador, el MELH se nutrió de la discreta revista francesa Arcadie y del grupo Gay Marxist del Reino Unido, según consta en la correspondencia que mantuvo con ellos Eliseo Picó. En 1975, con la muerte del dictador, el MELH se convirtió en el Front d’Alliberament Gai de Catalunya (FAGC). El documento fundacional del FAGC fue el Manifest, que, con una metodología influida por el pensamiento de Althusser, criticaba todos los aparatos del Estado que imponen la ideología judeocristiana. A día de hoy, todas las reivindicaciones de la mesa unitaria de la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual (COOFLHE) se pueden dar por alcanzadas, incluido el matrimonio y la adopción de menores, así como los derechos de las personas transexuales. Este programa incluyó las principales reclamaciones del movimiento feminista y abrió las puertas al movimiento que hoy llamamos LGTBIQ.
A día de hoy, todas las reivindicaciones de la mesa unitaria de la Coordinadora de Frentes de Liberación Homosexual (COOFLHE) se pueden dar por alcanzadas.
Evidentemente, la primera reclamación fue la derogación de la Ley de Peligrosidad Social y una amnistía total, porque los presos políticos salieron de la prisión antes del 15 de junio de 1988, pero no fue así en el caso de los homosexuales ni de los transexuales. Pese a esta exigencia legal obvia, el objetivo central del FAGC era la disolución de la idea según la cual la homosexualidad es una enfermedad. En la primera aparición en TVE, en el programa De bat a bat en catalán el 31 de mayo de 1978 (que solo se retransmitía para el circuito Cataluña-Baleares), el debate se centró en si éramos o no enfermos. Nos dieron la razón las profesionales de la medicina, pero quedaba un inmenso camino por delante.

Manifestación del Dia Internacional del Orgullo LGBT del año 1982. Fotografía de Diango. Arxiu Fotogràfic de Barcelona
Barcelona transgresora
La Transición tuvo modelos diferentes. En Madrid, la movida, y en Barcelona, quizá, el desenfreno de las jornadas libertarias en el Parc Güell que adquirió un carácter muy transgresor. Incluso el alcalde de Madrid, Enrique Tierno Galván, procedente del PSP, calificó la homosexualidad de enfermedad. Nada que ver con la Barcelona que ardía con espectáculos protagonizados por Lindsay Kemp, Roba Estesa, Pavlosky, Loles León, obras de teatro como Rebel Delirium y locales de referencia como el Jazz Colón o el Saló Diana. En la Rambla podías encontrarte al divertido y provocador artista Ocaña, acompañado por el dibujante Nazario, que inmortalizó la película de Ventura Pons, Ocaña, retrat interminent (1979), un verdadero referente de esos años.
En los cines ya se proyectaban las películas que incidían en la temática homosexual, como las de Eloy de la Iglesia, Vicente Aranda, la mexicana El lugar sin límites o Me siento extraña, donde Rocío Dúrcal y Bárbara Rey protagonizan un idilio lésbico. Fueron los años de Village People y Grace con La vie en rose.
La eclosión de la reivindicación gay cuestionó la sexualidad tradicional por completo, ¡y venga a explicar los Informes de Kinsey por todas partes!
La aparición del FAGC provocó un estallido social, porque la palabra gay no se conocía en el sentido de homosexual que se acepta y reivindica sus derechos, como decía Armand de Fluvià. El término centró artículos de prensa, programas de radios y reportajes, y se extendió rápidamente, al menos en las grandes ciudades y, al principio, tímidamente en televisión. De alguna forma, la eclosión de la reivindicación gay cuestionó la sexualidad tradicional por completo, ¡y venga a explicar los Informes Kinsey por todas partes! Mucha gente se interesó por los tabúes heredados de la dictadura.
De forma discreta, las lesbianas ya habían hecho de los baños Orientales de la Barceloneta un punto de encuentro, y los gais, los baños de Sant Sebastià.
Como ejemplo curioso, en 1978 se celebraron en la UAB unas jornadas sobre sexualidad y el FAGC obtuvo un lugar en el programa. Eliseo Picó y yo mismo fuimos los ponentes. Eliseo explicó los componentes del esperma y dijo que es nutritivo. Lo más chocante fue cuando mostramos cómo se hace una felación, haciendo como si asintiéramos, bajando la cabeza. Se lo pedimos a los jóvenes asistentes, —que llenaban a rebosar el aula— y todo el mundo hizo el ejercicio.
La primera manifestación en la Rambla
El domingo 26 de junio de 1977 se celebró la primera manifestación. Fue en la Rambla y se comunicó al Gobierno civil, que no dijo nada. Empezaba la reclamación de la derogación de la Ley de Peligrosidad Social y la amnistía total. Participaron unas 4000 o 5000 personas, entre homosexuales, transexuales y gente progresista. La policía intervino repartiendo golpes de porra a la altura de la Virreina y se disolvió la manifestación. Empar Pineda y la fotógrafa Colita recuerdan que entraron en tromba en la iglesia de Betlem. Esta manifestación sin precedentes fue portada en la prensa nacional y también en Le Monde. En diciembre se celebró un mitin multitudinario en el cine Niza y una segunda manifestación, esta vez sin intervención policial. De ese mitin, Maria Giralt obtuvo una lista de mujeres lesbianas que habían contactado con el FAGC y poco después nació el Col·lectiu de Lesbianes del FAGC.
Pedrolo en 1970 había esquivado la censura con ‘Un amor fora ciutat’ y justo en 1977 aparece también ‘Te deix amor la mar com a penyora’ de Carme Riera.
Durante esos años ya existían los bares de encuentro gay (zona de la calle Còdols) y uno para lesbianas, el Daniel’s. De forma discreta, las lesbianas ya habían hecho de los baños Orientales de la Barceloneta un punto de encuentro y los gais, los baños de Sant Sebastià. La literatura también acompañó esta revuelta. Pedrolo en 1970 había esquivado la censura con Un amor fora ciutat y justo en 1977 aparecen Te deix amor la mar com a penyora de Carme Riera y El beso de la mujer araña de Manuel Puig. Revistas como Ozono y Ajoblanco hacía tiempo que apoyaban a las sexualidades que salían de la norma. Es decir, surgió un estallido inesperado que cuestionaba los roles sexuales imperantes.
Las mujeres transexuales son quienes sufrieron más maltratos a lo largo de la dictadura y en esas manifestaciones fueron las más combativas, acaparando las portadas de la prensa. Este hecho imprevisto generó un cierto debate sobre la imagen del colectivo gay y lésbico. En 1978, en primera línea de la manifestación, participaron todo tipo de personas en coherencia con el Manifiesto del FAGC.
1978, primera victoria
Esta explosión generó un cambio cultural que, además, venía acompañado por el movimiento pendular de la sociedad, que sentía curiosidad por todo lo que había prohibido el nacionalcatolicismo de la dictadura. La prensa se posicionó claramente de parte del FAGC, así como muchas personalidades que nos apoyaron. Los aires del inicio de una revuelta, más allá de la Transición, tensaron mucho todo tipo de entidades y partidos políticos que se iban dividiendo en distintas tendencias. En 1978 el Col·lectiu de Lesbianes abandonó el FAGC para acercarse al feminismo, como reclamaba Gretel Ammán, y también se fueron los compañeros que formaron la radical Coordinadora de Col·lectius d’Alliberament Gai (CCAG), liderada por Luis Cabezas.
Cabe mencionar otras entidades gais de esa época, la cristiana Dignitat y el Instituto Lambda, fundado por el FAGC en 1976, con el fin de acoger y dar servicios a personas con dudas o dificultades de autoaceptación. Este año, el Casal Lambda cumple su 50 aniversario. Ha realizado un admirable trabajo de visibilidad y servicios, organizando numerosas actividades culturales y de documentación.
En ese 1978 se vivieron las primeras manifestaciones gais en Madrid, Bilbao y Sevilla. La ola del naciente movimiento llegó a los partidos políticos parlamentarios (EE, PSC-PSOE y PSUC); los extraparlamentarios ya lo apoyaban desde hacía tiempo (LCR y MCC). La manifestación de Barcelona fue prohibida por el Gobierno civil y sin un acuerdo por la protesta entre la CCAG y el FAGC. Miembros del FAGC hicimos un encierro con huelga de hambre en la parroquia de Sant Miquel del Puerto en la Barceloneta para llamar la atención. Finalmente, y después de un festival masivo el 16 de diciembre en el Palacio de los Deportes, el 26 de diciembre de ese año el gobierno de la UCD reformó la Ley de Peligrosidad Social, excluyendo a homosexuales y transexuales.
El estallido rosa había empezado a transformar la sexualidad de toda la sociedad.




























































