El Día Internacional de los Trabajadores, el Primero de Mayo, es el día reivindicativo del movimiento obrero en todo el mundo. Una jornada de lucha por los derechos de los trabajadores que se estableció en la Segunda Internacional, celebrada en 1889 en París.
La fecha escogida era un homenaje a los Mártires de Chicago, los trabajadores anarquistas encarcelados y ejecutados tres años antes en Estados Unidos a raíz del incidente de Haymarket Square, donde un artefacto estalló entre la policía mientras reprimía una huelga que reclamaba la jornada de 8 horas.
Un año más tarde, en 1890, Barcelona se convertía en la primera ciudad española que celebraba la jornada reivindicativa del 1 de mayo.
Años después, el franquismo despejó de contenido el Primero de Mayo. Y no sólo eso, su voluntad por mantener el control sobre la representatividad de la clase trabajadora y la incapacidad a la hora de modernizar las relaciones laborales hizo que todo estallara en los últimos años del régimen y, sobre todo, durante la transición a la democracia.
Hace cincuenta años, las tensiones laborales se convierten en protestas en la calle. Como un Primero de Mayo infinito, se encadenan huelgas y manifestaciones de transportistas; de trabajadores de correos; de estudiantes o de profesorado; de grandes empresas como Laforsa o MACOSA, en Barcelona y su cinturón industrial; de barrenderos, de funcionarios municipales o, incluso, de panaderos. Sabadell se convierte en la sede de la primera huelga general de la transición democrática, cuando la lucha vecinal y el movimiento obrero unen fuerzas para denunciar la represión policial sufrida durante una manifestación por la enseñanza pública.
Este álbum recoge imágenes de este período, el de la transición democrática, cuando las huelgas y las manifestaciones obreras eran también el brazo de la lucha por la libertad.





































































