El fútbol de alta competición no es cien por cien meritocrático. Diosa fortuna y decisiones arbitrales dejan marca. Para bien y para mal. Pero los liderazgos futbolísticos sí pueden ser totalmente meritocráticos. El del entrenador alemán Hansi Flick, un año al frente del FC Barcelona, así lo ha sido. Los resultados saltan a la vista: un triplete de títulos, ascenso a la élite de los cuatro mejores equipos de Europa, un estilo de juego atrevido que revalúa el espectáculo, la transformación en alegría del ánimo de los seguidores (cada vez más jóvenes) … Y, por encima de todo, un efecto-demostración: que la sabia gestión del talento es la piedra angular del éxito.
Por esta razón el presente artículo se titula «la rebelión del talento». Es la idea fuerza que se transmite en mi libro aparecido en abril de 2025 El mago Flick, anticipándome al final de la temporada, fruto de una corazonada en octubre de 2024. La obra explica cómo a través de la identificación del talento joven de un club y la paternal transmisión de una idea innovadora un grupo desnortado se transforma en un equipo de éxito que enamora y se dota de una brillante década por delante. Un equipo que integra la audacia de los jóvenes con la madurez de algunos seniors. Un mensaje de alto calado en perniciosos tiempos de edadismo, el perverso prejuicio de ningunear el talento de las personas a partir de cierta edad y desaprovechar su experiencia de vida.
La clave del éxito de Flick, entrenador que cumplió 60 años el 24 de febrero de 2025, es anteponer el talento a cualquier otra consideración. Dejar de lado nepotismos, trapicheos y medias verdades: meritocracia pura y dura. Oportunidades para todos y recompensas para los mejores. Lo mejor para los mejores. Y preservando siempre el interés del colectivo. Una idea sencilla con resultados mágicos. Porque es cosa de magos lo increíble de lo conseguido en tan sólo 10 meses y por la ilusión desencadenada…
El talenticidio, un cáncer
Meritocracia ha sido la bandera de Hansi Flick y es el paradigma que las organizaciones debieran seguir, abandonando la funesta práctica del talenticidio: arrinconar a las personas talentosas por miopía, capricho o envidia. Es un hábito perverso y antisocial (muy arraigado, eso sí, en el contexto hispánico) que vulnera los derechos humanos y que debiera por ello ser contemplado como delito en el código penal, de igual manera que no hace muchos años el mobbing ha recibido tipificación legal y, muy importante, el repudio social.
Detrás del talenticido hay el complot de los mediocres, que genera una legión de parias en las organizaciones. Es el patético colectivo de los desaprovechados, heridos en su autoestima, rabiosos por su postergación injustificada.
Acaso llegará el día (lo postulamos) en que las organizaciones deban demostrar ante sus grupos de interés –si reputación quieren tener– que son talent-friendly, favorables al talento. Pero no de palabra sino con una praxis auditada por personas independientes que denuncien los enchufismos y la arbitrariedad que tanto dañan al clima organizativo y minoran la productividad. El talenticidio es un cáncer que destruye el tejido de las organizaciones, tanto públicas como privadas. Provoca infelicidad y desmotivación.
La clave del éxito del entrenador, que cumplió 60 años el 24 de febrero de 2025, es anteponer el talento a cualquier otra consideración.
Si ya la Constitución de los Estados Unidos (harto anterior a Donald Trump) consagraba de manera pionera el derecho de las personas a buscar la felicidad, tal derecho debiera incorporarse al código de valores de cualquier organización que se precie. Y no puede haber felicidad sin talento protegido. Hay por ello una rebelión pendiente: la del talento que exige respeto. De igual manera que hace unos pocos años la campaña del Me too denunciaba el asedio a la mujer, es necesario que una nueva campaña complete aquella iniciativa: la del Talent? Me too. Hombres y mujeres que públicamente denuncien a los talenticidas para que el oprobio social y la sanción legal caiga sobre ellos.
En lo organizativo, la implantación del Defensor del Talento. Personas probas que fiscalicen desde la independencia que hasta el último gramo de talento en una organización es preservado.
El liderazgo de Flick
El primer año de Flick al frente del Barça muestra estos rasgos de estilo de liderazgo, a manera de decálogo:
- Antepone por encima de todo el beneficio del grupo.
- No acepta excusas y sanciona la impuntualidad con el banquillo.
- Ejerce su disciplina de cuño germánico en la exigencia de orden y obediencia pero ofrece como contrapartida una ternura (más propia del código latino) de buen padre de familia, prodigando el abrazo y la comprensión.
- Mantiene un perfil bajo, especialmente ante el éxito, a la vez que escucha con atención a sus colaboradores.
- Su compromiso es máximo pero al mismo tiempo cultiva el desapego, el distanciamiento emocional, competencia aprendida en base a una infancia dura en Baden-Württemberg (él no recibió de su padre los abrazos que ahora prodiga) y con lecciones de vida sobrevenidas e interiorizadas (el cáncer de pecho de su mujer que la llevó a las puertas de la muerte).
- Es metódico y respetuoso con la organización, respeto que también exige para su trabajo.
- Atesora grandes conocimientos tácticos que le permiten redefinir el sistema de juego en las medias partes con espectaculares remontadas como resultado. Sus habilidades incluyen el talento de saber detectar el talento, como ha demostrado en casos como los jugadores Bernal, Casadó y otros.
- Cuida con minuciosidad el bienestar físico pero también emocional de los jugadores, muy jóvenes la mayoría, a los que guía estrechamente para compensar su falta de madurez.
- Se muestra como una persona auténtica, lo que le dota de gran credibilidad. Pensamiento y acción son congruentes.
- Combina una paradójica inclinación al riesgo (línea de fuera de juego avanzada, juego ofensivo extremo) con un talante extremadamente prudente en las relaciones humanas.
¿Una nueva ‘belle époque’ azulgrana?
Da cuenta la gastronomía china de un plato llamado «la familia unida y feliz». Combina viandas en plena armonía. Es una buena metáfora del momento que vive el FC Barcelona después de ganar el triplete, con su entrenador, Hansi Flick, renovado hasta 2027 y las grandes figuras renovando contrato. ¿Quién no quiere hacerlo en momentos tan felices?
Ciertamente el Barça tiene por delante un panorama vertiginosamente alentador. Se resume así:
Está dotado de un entrenador maduro, adorado y adorable. Muchos desearían abrazarle como él lo hace a los jugadores. Le han salido muchos amigos a Hansi Flick en apenas un año. No necesariamente amigos de su persona sino de su éxito. Pero ciertamente cae bien y es sin duda en estos momentos la persona que más fascina en Cataluña. Fascinacíón se escribe con «f» de Flick. No se olvide que los magos hacen cosas increíbles y suscitan, por encima de todo, ilusión.
La plantilla es fundamentalmente sólida, en proceso de maduración acelerada y con fundamento en la Masía, de donde brota el talento futbolístico a borbotones a la vez que sentimiento barcelonista. Sobre el paralelismo entre la Masía y el Massachusetts Institute of Technology, uno de los más importantes centros gestores de talento del mundo, me remito a mi libro El Método Guardiola, donde analicé tal tema en mis estancias en el área Harvard-MIT.
Un estilo de juego que hace del espectáculo y su plasmación, el gol, santo y seña. El Barça aburrido e impotente de los últimos años se ha trocado –si se me permite la expresión– en un equipo cachondo y multiorgásmico. Ver para creer. Tal estilo concita también el interés de aquellos que –sin filiación azulgrana– dan apoyo a lo que les entra bien por los ojos. A los que aman el fútbol más allá de los colores.
La explosión del talento de Lamine Yamal, de 17 años, ya renovado hasta 2031. Está llamado a ser un jugador que marque época, aparte de hincharse el club a vender camisetas, ingresos muy necesarios para una entidad a las puertas de la bancarrota, club de fútbol más endeudado de Europa (1.262 millones de euros según el Financial Times del 12 de mayo de 2025).
Un fútbol femenino que no le va a la zaga al masculino, título tras título (más allá de fiascos puntuales como la reciente final de Lisboa), situando a Barcelona como capital mundial del emergente balompié de las mujeres.
El retorno este otoño a un estadio remodelado a la altura de los nuevos desafíos y con amplias posibilidades de nuevos ingresos que enjuaguen el dramático déficit de las cuentas de un club ubicado en una de las ciudades más atractivas del mundo.
Todos estos factores le confieren al Barcelona la oportunidad de forjar una década de oro, de ciencia-flickción, si se me permite el neologismo. Sin embargo, dos factores son imprescindibles para tan bellos augurios:
- Una inteligente gestión de los egos de una plantilla extraordinariamente joven al abrigo del microclima de familia unida y feliz, propiciado por Hansi Flick. Un nuevo contexto en que el liderazgo indiscutible de Lamine Yamal en el terreno de juego sea generoso e integrador, sin derivas neymarizantes (excuso precisar el significado de este neologismo) y en que se evite la lamine-dependencia, una versión renovada de la messi-dependencia. Es decir, cuando la luz cegadora de un astro eclipsa el desarrollo del talento de otros satélites. Sería una acumulación de riesgo contraria al sentido común.
- La flickización de las estructuras administrativas del club incorporando a nivel directivo el talento y el trabajo en equipo. Es la necesaria perestroika culé. Una reestructuración para que el management del club esté a la altura de su marca, cosa que actualmente no sucede. Que la gestión financiera no emule una ruleta rusa. Que el seguidor no vaya de sonrojo en sonrojo por golpes de volante o un liderazgo narcisista, que apela de manera efectiva a la emoción pero desoye el raciocinio.
Corresponde al actual presidente, Joan Laporta i Estruch, que de manera meritoria acertó en los fichajes de Hansi Flick y en su momento de Pep Guardiola, hacer sostenible el legado del Barça 2025 actuando con grandeza de miras y el estilo meritocrático del entrenador Hansi Flick que ha propiciado los éxitos recientes.




























































