A los pocos minutos de saberse ganador de las elecciones federales alemanas, siendo ya casi oficialmente «canciller a la espera», Friedrich Merz (Brilon, Renania del Norte-Westfalia, 1955), líder de los democristianos alemanes, señaló que la principal prioridad de su futuro Gobierno sería lograr la «independencia» respecto a Estados Unidos. Para todos los que conocen a Merz, las declaraciones fueron una sorpresa, porque si algo ha sido el nuevo canciller de Alemania durante toda su vida es atlantista, con un fuerte vínculo con Estados Unidos, un inglés casi impecable y un largo historial de compromiso con la relación con Washington, incluyendo la presidencia del grupo Atlantik-Brücke de amistad transatlántica.

Sus palabras dicen mucho de él y de su capacidad de cambiar de rumbo si considera que es lo que marcan los tiempos. Merz es un político de sangre caliente, muy conservador, europeísta pragmático, radical a la hora de afrontar los problemas. Incluso sus aliados lo identifican como alguien impaciente. Una impaciencia que, en ocasiones, se traduce en deslices, en palabras gruesas y errores de bulto. Es también un político con una alta consideración del impacto que puede tener en la historia de Alemania. Sus críticos ven ese rasgo como pura soberbia, sus defensores lo resaltan como una muestra de personalidad decidida. A sus 69 años, son muchos los que creen que Merz tiene prisa: sabe que si quiere dejar huella debe actuar rápido. Tras más de una década de siglo de cancilleres con una aversión patológica al riesgo, ahora Alemania contará con un político que promete todo lo contrario.

 

Eurodiputado entre 1989 y 1994

Desde Bruselas se observa con interés y esperanza a Merz. Alemania lleva ausente de los grandes debates europeos desde hace demasiado tiempo y hay expectativas de que Berlín vuelva a tener una voz clara en la capital comunitaria en un momento crucial para el futuro de la Unión Europea. Pero en el resto de la UE hay una tendencia a ilusionarse con el siguiente Gobierno alemán que, casi siempre, el siguiente Gobierno logra diluir en cuestión de meses. ¿Hay algo realmente diferente esta vez? Una persona que conoce bien al nuevo canciller explica que el hecho de que comenzara su carrera política en el Parlamento Europeo es un elemento diferencial. Fue eurodiputado entre 1989 y 1994, cuando logró su escaño en el Bundestag. Merz es un rarísimo caso de líder europeo de los grandes países occidentales que ha pasado primero por la Eurocámara.

En Bruselas hay expectativas de que Berlín vuelva a tener una voz clara en la capital comunitaria en un momento crucial para el futuro de la Unión Europea.

«Se puede mover por Bruselas sin Google Maps», explica un miembro de la CDU que considera que esa anécdota es una muestra de que Merz es un buen conocedor de la capital comunitaria, de sus lógicas internas, su lenguaje y su manera de pensar. La esperanza es que todo esto se traduzca en una Alemania con una política europea más creíble y decidida. Un auténtico Europawende, un giro europeo en Berlín. En el ADN político alemán está el proyecto posnacional europeo. Pero continuamente confunde su interés con el europeo. Berlín es una capital con un trastorno disociativo de la identidad, capaz de arrastrar a toda Europa a una receta totalmente equivocada, estando convencida de que hace lo mejor para todo el continente únicamente porque es lo mejor para Alemania. Y sí, Merz es un político proeuropeo, pero ha demostrado que sufre el mismo trastorno.

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De joven promesa a víctima de Merkel

Merz ha estado siempre vinculado a la política. De familia acomodada, con 17 años se une a las juventudes de la CDU, las Junge Union, y empieza la carrera de derecho. En 1989, bajo el lema «Por los intereses de Alemania en Europa», era escogido eurodiputado. Al terminar su etapa entre Bruselas y Estrasburgo logró su escaño en el Bundestag. Su primera legislatura en el parlamento alemán fue la de una joven estrella del partido bajo la protección de Wolfgang Schäuble, hombre de confianza de Kohl y ahora líder de la CDU y de la oposición. Merz era lo más parecido que podía haber a un delfín.

«Se puede mover por Bruselas sin Google Maps», explica un miembro de la CDU, dando a entender que Merz es un buen conocedor de la capital comunitaria.

Su mentor acabó cayendo con el escándalo de las donaciones al partido, y se abrió una etapa de lucha interna. Merz, la joven promesa, heredero de Schäuble, se quedó al frente del partido en el Bundestag a partir del año 2000, mientras Merkel, que desde 1998 era secretaria general, se convirtió en líder de la CDU. La joven física del este tenía una ventaja clara: no tenía lazos con casi nadie en un momento en el que había que romper con el pasado para eliminar vínculos con el escándalo. La futura canciller hizo una pinza junto al líder del partido hermano de la CDU en Baviera, la CSU, el muy popular Edmund Stoiber. Él fue candidato a la cancillería, ella laminó a Merz y se quedó al frente del grupo en el Bundestag. Stoiber perdió las elecciones y Merkel se quedó como pieza clave. Juego y set.

Merkel se convirtió en canciller en 2005 y llevó a la CDU/CSU hacia su visión más centrista. Aquel mismo año, Merz fue aceptado en un club creado en 1979 por un grupo de jóvenes acomodados, católicos y muy conservadores, durante un vuelo entre Caracas y Santiago de Chile, el conocido como Pacto Andino, uniéndose así a un grupo de hombres que, desde dentro del partido, se oponían a la visión de Merkel, una camarilla de resistencia interna. En 2007, Merz anunció que no lucharía por mantener su escaño. La canciller le había ganado. Juego, set, partido. Michael Spreng, asesor de Stoiber, recordaba en aquellos años la lucha de poder entre Merkel y Merz, que él era un hombre «talentoso, pero arrogante y vanidoso, que subestimó a una mujer astuta, decidida y sin pretensiones», como recogía Der Spiegel en febrero de 2007.

 

La travesía del desierto 

Merz no tuvo difícil encontrar la salida de Bundestag. Porque siguió manteniendo su actividad de abogado durante su etapa como diputado, incluyendo la representación de empresas. Por eso a nadie le extrañó que nada más salir del parlamento ingresara en el consejo de administración de una filial del banco HSBC en Alemania. En estos años ha formado parte de los consejos de administración de empresas como la aseguradora AXA o como el banco Commerzbank, pero también por ejemplo del equipo de fútbol Borussia Dortmund. En 2016 se convirtió en la pieza clave del fondo de inversión BlackRock en Alemania, un cargo que ocupó hasta 2020.

Por encima de todo lo demás, una etiqueta a la que se recurre habitualmente al hablar de Merz es la de «pro-empresa». Reducir burocracia y simplificar la vida a las compañías, esos serán dos de los ejes. Merz, casado y con tres hijos, se considera de «clase media alta» y, como tantos otros alemanes, tiene una relación compleja con el dinero. Porque el dinero y la moral están estrechamente vinculados. La realidad es que el líder de la CDU está lejos de ser de clase media. En 2022 llegó a la boda de un ministro pilotando su propio avión, acompañado de su esposa. La realidad es que Merz admite ser millonario. Pero en Alemania, especialmente en la política, ser de «clase media alta» es una cuestión de actitud, no de ingresos.

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La realidad es que el líder de la CDU está lejos de ser de clase media. En 2022 llegó a la boda de un ministro pilotando su propio avión, acompañado de su esposa.

En aquellos años Merz siguió en los ambientes políticos, pero desde fuera. Y desde ahí se opuso a la decisión de Merkel de permitir la entrada de millones de solicitantes de asilo durante la crisis migratoria. En 2018, cuando la canciller anunció que su etapa al frente de la CDU se terminaba, Merz trató de concluir su particular travesía del desierto, y se presentó a las primarias, en las que fue derrotado por la mínima por la sucesora designada por la canciller, su ministra de Defensa, Annegret Kramp-Karrenbauer. Cuando esta dimitió, en 2020, Merz volvió a lanzarse a por el puesto, pero volvió a ser derrotado por el ala moderada-centrista de la CDU, que en segunda vuelta respaldó a Armin Laschet.

En las elecciones federales de 2021, ya sin Merkel liderando el partido, Merz se presentó al Bundestag, sacó su escaño y esperó a que el cadáver de Laschet pasara por su puerta tras la derrota frente a los socialdemócratas del SPD. En enero de 2022 Merz concluyó su travesía del desierto: fue elegido presidente de la CDU y se convirtió en líder de la oposición. Veinte años después, volvía a estar en la línea de sucesión.

Ahora, el partido, y todo el país, da poco a poco la espalda a Merkel. Juego, set, partido. Esta vez para Merz. El consenso ha cambiado de lado. Muchos critican hoy la decisión de la canciller respecto a la crisis migratoria y son duros con su legado en política exterior. Los chicos conservadores del Pacto Andino están ahora a los mandos, y con ello el partido ha girado hacia la derecha. Ya al frente de la CDU en 2022, con un Gobierno muy impopular, un canciller errático y un entorno económico muy desfavorable para Alemania, Merz solamente tuvo que dejar que corriera el reloj. El Ejecutivo acabó colapsando y en las elecciones federales del 23 de febrero de 2025 la CDU/CSU ganó los comicios. Merz se convirtió en «canciller a la espera».

 

Impulsivo y emocional

Merz llega a la cancillería sin ninguna experiencia en ningún puesto de Gobierno, ni a nivel local, ni regional, ni federal, con una muy baja popularidad y con más resistencia interna de la esperada en la CDU, donde algunos mandos intermedios no confían en que el democristiano vaya a tener éxito. Como canciller, sus cualidades personales quedarán todavía más a la vista. Un líder decidido, pero también una persona impulsiva y emocional, como demostró su acercamiento al partido de extrema derecha AfD justo antes de las elecciones federales. Parte de su reto consiste precisamente en gestionar la relación con ese partido. Uno de los defensores de la tesis de que hay que ir derribando el cortafuegos contra AfD es Jens Spahn, una persona de la que muchos desconfían dentro de la CDU, como así se lo han comunicado a Merz. Incluso así, él ha decidido nombrarlo jefe del partido en el Bundestag, desoyendo a su círculo cercano.

Los errores habituales de Merz, que cuando habla de política utiliza muchos términos relacionados con el juego o las apuestas, le pueden salir mucho más caros estando en el Gobierno. Desde que se puso al frente de la CDU ha cometido errores de bulto, como hablar de los refugiados ucranianos como «turistas» de la ayuda social. Si hay un momento en el que el conservador se muestra nervioso es cuando se encuentra a la defensiva. Estos años en la oposición han consistido en ir a la ofensiva contra un Ejecutivo acorralado, lento y torpe. Ahora le toca a él estar al otro lado.