Hay libros que llegan en el momento oportuno, y hay otros que parecen escritos para que el momento les acabe dando la razón. Epidemia Ultra, de Franco Delle Donne, pertenece incómodamente a esta segunda categoría. En un contexto marcado por la consolidación electoral de las fuerzas reaccionarias por toda Europa, Latinoamérica y Estados Unidos, el libro no solo analiza un fenómeno político: nos obliga a mirarlo desde un ángulo distinto, casi clínico. Delle Donne propone entender la extrema derecha como una enfermedad. No como una patología ajena al sistema democrático, sino como un proceso que emerge, se expande y, en determinadas circunstancias, puede llegar a hegemonizar a dicho sistema, y que surge aprovechando las propias deficiencias estructurales que sufren las democracias liberales actuales.
Delle Donne, periodista —autor de un magnífico pódcast en el que analiza la extrema derecha global y que da nombre a este ensayo— y analista político, no es un observador improvisado del fenómeno. Su trayectoria intelectual y profesional siempre se ha movido en la intersección entre el periodismo político, la sociología del poder y el estudio de las dinámicas ideológicas contemporáneas. Este bagaje se traduce en una obra que rehúye el tono alarmista, pero que tampoco cae en la tentación tranquilizadora de relativizarlo todo. Epidemia Ultra no es un libro para asustar ni para consolar. Es un libro para comprender. Y comprender, hoy, es una actividad profundamente contracultural y necesaria para encontrar salidas políticas a los retos democráticos que vivimos.
La metáfora epidemiológica que articula la obra no es un simple ornamento retórico. Es una estructura analítica. Entender la extrema derecha como una enfermedad implica asumir que no se trata de un accidente histórico ni de una desviación momentánea. Como toda epidemia, el fenómeno ultra requiere un entorno favorable, unos mecanismos de transmisión y unas condiciones de reproducción. El lenguaje médico permite a Delle Donne escapar de dos simplificaciones habituales: la banalización —«siempre ha habido ultras»— y el fatalismo apocalíptico —«la democracia se acaba»—. Entre ambos extremos, el libro despliega una mirada más compleja: la de la extrema derecha como fenómeno estructural de las democracias contemporáneas.
El recorrido que propone el autor es deliberadamente gradual. Nacimiento, consolidación, crecimiento y aspiración hegemónica. Esta secuencia, que podría parecer excesivamente ordenada para describir un fenómeno tan caótico como la política, se revela sorprendentemente útil. El nacimiento no se presenta como una irrupción repentina, sino como la cristalización de malestares latentes. La consolidación no depende exclusivamente del voto, sino de la normalización discursiva. El crecimiento no es solo electoral, sino cultural. Y la hegemonía no se alcanza únicamente gobernando, sino desplazando los marcos del debate político.
Más allá de la taxonomía
Este esquema dialoga implícitamente con una parte importante de la teoría política reciente. La definición clásica de la derecha radical como una combinación de nativismo, autoritarismo y populismo sigue siendo una herramienta útil para entender el fenómeno. Pero Delle Donne va más allá de la taxonomía. Lo que le interesa no es qué es la extrema derecha, sino cómo funciona. Cómo se difunde, cómo se legitima, cómo se adapta, cómo transforma el terreno político en el que opera.
En este sentido, el libro resulta especialmente sugerente cuando aborda la cuestión de las causas. Durante años, el debate académico y mediático ha oscilado entre explicaciones culturalistas y economicistas. Por un lado, la teoría del cultural backlash, que interpreta el ascenso ultra como una reacción defensiva ante la expansión de los valores progresistas. Por otro, las lecturas centradas en la inseguridad económica, la desigualdad y la percepción del declive material. Delle Donne no se posiciona dogmáticamente en ninguno de estos campos. Al contrario, muestra cómo ambas dimensiones se refuerzan mutuamente.
El libro es especialmente lúcido al señalar que la extrema derecha prospera en ecosistemas de malestar.
La inseguridad económica raramente es solo económica. La precariedad material a menudo se traduce en ansiedad identitaria. La pérdida de seguridad laboral, de estatus o de perspectivas vitales genera un terreno emocional propicio para discursos que prometen orden, protección y pertenencia. Pero tampoco la reacción cultural puede entenderse al margen de las transformaciones socioeconómicas. Los cambios en cuanto a valores, normas y referentes simbólicos no se producen en el vacío. Se inscriben en procesos más amplios de globalización, digitalización y reconfiguración del trabajo.
El libro es especialmente lúcido al señalar que la extrema derecha prospera en ecosistemas de malestar. No hace falta una crisis sistemática para activar la «enfermedad ultra». Basta con la acumulación persistente de frustraciones, decepciones y percepciones de desorden. Esta intuición resulta difícilmente separable de la actualidad. En sociedades que arrastran las consecuencias de la crisis financiera, la pandemia, la inflación, la crisis de vivienda y la percepción de inseguridad geopolítica, el relato ultra encuentra un terreno abonado.
Hartazgo democrático
Pero Delle Donne introduce un elemento que suele quedar relegado: el hartazgo democrático. La extrema derecha no crece solo en contextos de pobreza o exclusión. También lo hace en sociedades relativamente prósperas pero que se encuentran atravesadas por una sensación difusa de agotamiento político. La idea de que la democracia no cumple las expectativas, de que las instituciones son lentas, de que los gobiernos son impotentes ante las fuerzas globales, de que la política es incapaz de ofrecer certezas. En este clima, el discurso ultra se presenta como una simplificación atractiva: menos complejidad, más decisión; menos pluralismo, más orden y, sobre todo, más resultados.
El discurso ultra se presenta como una simplificación atractiva: menos complejidad, más decisión; menos pluralismo, más orden y, sobre todo, más resultados.
Este hartazgo no es necesariamente antidemocrático en su origen. A menudo es, paradójicamente, fruto de expectativas democráticas insatisfechas. Cuando hay sectores amplios de la ciudadanía que perciben que el sistema no resuelve los problemas básicos —vivienda, seguridad, movilidad social—, la confianza institucional se erosiona. La extrema derecha, pues, no crea este malestar, pero sabe transformarlo en capital político.
Es aquí donde el libro conecta con otra dimensión clave: la batalla por los marcos. La extrema derecha contemporánea no opera exclusivamente en el ámbito electoral. Practica una forma persistente de metapolítica, que es la estrategia conceptual que impulsaron De Benoist y la Nouvelle Droite, para refundar las corrientes de extrema derecha, claramente marginadas tras la derrota del fascismo en la II Guerra Mundial. Esta estrategia desplaza el centro del debate, redefine conceptos, impone temas. La normalización no se produce cuando gana elecciones, sino cuando sus adversarios adoptan parcialmente sus lenguajes, sus prioridades o sus diagnósticos.
La extrema derecha contemporánea practica una forma persistente de metapolítica, la estrategia conceptual que impulsó De Benoist para refundar las corrientes ultraderechistas tras la derrota del fascismo en la II Guerra Mundial.
En la actualidad se ve perfectamente este proceso. Términos, ideas y preocupaciones que hace una década eran patrimonio casi exclusivo de la extrema derecha han pasado a formar parte del discurso mainstream. La política migratoria, la seguridad, la identidad nacional, la crítica a las élites globales, la sospecha en contra de las instituciones supranacionales. La ventana de Overton se desplaza no con estridencia, sino con una gradualidad casi imperceptible, que sin embargo acaba impactando de lleno en el debate político.
Delle Donne describe con precisión los mecanismos que facilitan esta expansión. La victimización estratégica, la simplificación emocional, la polarización constante, la capacidad de explotar las lógicas mediáticas y digitales. En un ecosistema comunicativo dominado por la inmediatez, el escándalo y el algoritmo, los discursos que apelan a las emociones primarias —miedo, indignación, resentimiento— gozan de una ventaja estructural.
Desintermediación periodística
Unos mecanismos propulsados por la digitalización de la discusión política, que no es solo un canal de difusión, sino un entorno ideológico en el que estas fuerzas crecen y se desarrollan. Las redes sociales no amplifican simplemente los mensajes existentes; reconfiguran la manera en la que se construye la realidad política. La fragmentación informativa, la desintermediación periodística y la lógica viral favorecen las narrativas simples, identitarias y conflictivas. Este proceso no le es ajeno a la extrema derecha: opera en él con una eficacia notable. Sin embargo, el libro evita caer en el determinismo tecnológico. Las plataformas no explican por sí solas el fenómeno. El hecho central sigue siendo la interacción entre las condiciones sociales, las emociones colectivas y las estrategias políticas. La tecnología es la aceleradora de este proceso, no la causa última, y esto es algo que las fuerzas democráticas deberían tener claro en sus estrategias de contención de la ola ultra.
Las redes sociales no amplifican simplemente los mensajes existentes; reconfiguran la manera en la que se construye la realidad política.
Para acabar, cabe destacar una última aportación relevante de Epidemia Ultra: el hecho de que sitúa a la extrema derecha dentro del sistema, y no fuera de él. Con demasiada frecuencia se trata el fenómeno como una irrupción externa, casi parasitaria. Delle Donne muestra, en cambio, cómo su expansión está íntimamente ligada a las dinámicas internas de las democracias liberales: crisis de representación, desafección política, debilitamiento de los partidos tradicionales, transformación de los clivajes sociales. En este punto, la relación con la derecha convencional resulta decisiva. La extrema derecha crece tanto por oposición como por mimetismo. Cuando los partidos tradicionales adoptan parcialmente los marcos de la ultraderecha, contribuyen a legitimarlos. Cuando los ignoran, a menudo refuerzan su retórica antisistema. No existe una estrategia sencilla.
La obra, en definitiva, nos fuerza a abandonar explicaciones tranquilizadoras. La extrema derecha no aparece como una anomalía externa del sistema democrático, sino como una posibilidad latente que emerge de sus propias tensiones. No es solo el producto de la manipulación o de la desinformación, sino también la expresión —distorsionada y, a menudo, regresiva— de malestares sociales reales. El gran acierto del libro reside en esta incomodidad intelectual: Delle Donne no banaliza ni demoniza, sino que analiza, y al hacerlo sitúa el debate en un terreno menos emocional y más estructural.
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| Franco Delle Donne. Epidemia Ultra. Barcelona: Ediciones Península, 2025. 368 pág. |
Comprender
Así, Epidemia Ultra acaba revelándose como algo más que un estudio sobre la extrema derecha. Es, sobre todo, una reflexión sobre las vulnerabilidades de las democracias contemporáneas: de las fracturas sociales, las inseguridades materiales, las ansiedades identitarias y el agotamiento político que configuran nuestro tiempo. Como en toda epidemia, la cuestión decisiva no es solo cómo contener el síntoma, sino cómo reforzar el cuerpo que lo padece. Comprender, en este contexto, deja de ser una actitud contemplativa para convertirse en una forma imprescindible de lucidez política.





























































