No da la sensación de que Donald Trump sea aficionado al ajedrez, así que no es previsible que tenga una hoja de ruta movimiento a movimiento para intentar evitar lo que en el momento de redactar estas líneas parece una posibilidad real, la de que el próximo 20 de enero deba dejar la Casa Blanca. Forzar el recuento en algunos estados en los que el margen de Joe Biden acabe siendo especialmente estrecho es una opción impecablemente democrática y, de hecho, ya hay algunos estados en los que tal mecanismo se activa automáticamente en el caso de que la diferencia de votos entre los dos rivales no llegue a determinado porcentaje (por ejemplo, menos del 1 por ciento).

Cosa distinta es pretender que los tribunales anulen una parte de los sufragios emitidos legalmente, con la excusa de que se han emitido irregularmente o de que han llegado fuera de plazo. Pero las leyes de cada estado prescriben cuáles son las normas a aplicar, se trata de un estado nacional constituido federalmente en el que los 50 estados que lo componen tienen claramente asignada la competencia organizativa de las elecciones. Por lo tanto, el margen de actuación de los tribunales es limitado, a no ser que se haya vulnerado específicamente la ley. Es más, los magistrados de orientación conservadora preconizan una aplicación literal y no interpretativa de la norma.

Otro hecho relevante es que, a diferencia de lo que ocurrió con el polémico recuento del año 2000 en el estado de Florida, cuando sólo se disputaron legalmente los resultados allí, en esta ocasión son varios los estados en juego, de manera que los abogados del presidente deberían iniciar acciones legales en Arizona, Nevada, Michigan y Wisconsin y que los tribunales les dieran la razón en todos ellos para impedir la proclamación de Joe Biden como presidente electo. Eso al margen de lo que suceda en Pensilvania, donde el elevado voto por correo y una legislación bastante flexible al respecto aún pueden retrasar unos días todo el proceso.

Pero aún suponiendo, que es mucho suponer, que se confirme la victoria de Biden y que se resuelvan a su favor todos los retos legales, al aspirante no le espera precisamente un camino de rosas hasta el 20 de enero del 2021. Son más de dos meses en los que el presidente seguirá siendo a todos los efectos legales, políticos y sociales Donald John Trump, con todo lo que eso conlleva.